Librerías

Jorge Carrión

Anagrama

Buenos Aires, 2013

 

En el último mes llegó un libro nuevo, como tantos, pero que inmediatamente cautivó una atención adicional, algo excepcional, una atención fuera de cotidianidad. Y esa excepcionalidad, en primera vista, tal vez se corresponda por tratarse de un meta-libro, novedoso y necesario: un notable ensayo sobre los libros y las librerías. Un libro que reflexiona sobre algo no muy reflexionado, y que, naturalmente (¿o sería culturalmente?), tiene que ver con nuestra práctica diaria, laboral, corporal, intelectual, espiritual y hasta ociosa: los libros y su espacio de comercialización-divulgación-descubrimiento. Y si el objeto de la escritura va a ser las librerías, el primer movimiento es tratar de definirlo: ¿qué es una librería? Carrión imprime unos breves apuntes de historia y busca también algunos correlatos en la literatura, para tratar de dar cuenta de esa especificidad que tienen las librerías y las personas que las atienden, organizan y administran (los libreros y las libreras). Algunos lindos momentos narrativos se suceden en esas impresiones iniciales. Pero tal vez el autor dé una certera diana en el intento tan difícil de definición al poner en correlato la librería y la biblioteca. Vean:

La Biblioteca de Alejandría, según parece, se inspiró en la biblioteca privada de Aristóteles, probablemente la primera de la historia que fue sometida a un sistema de clasificación. El diálogo entre las colecciones privadas y las colecciones públicas, entre la Librería y la Biblioteca, es por tanto tan viejo como la civilización; pero la balanza de la Historia siempre se inclina por la segunda. La Librería es ligera; la Biblioteca es pesada. La levedad del presente continuo se contrapone al peso de la tradición. No hay nada más ajeno a la idea de librería que la de patrimonio. Mientras que el bibliotecario acumula, atesora, a lo sumo presta temporalmente la mercancía –que deja de serlo o congela su valor-, el Librero adquiere para librarse de lo adquirido, compravende, pone en circulación. Lo suyo es el tráfico, el pasaje. La Biblioteca está siempre un paso por atrás: mirando hacia el pasado. La Librería, en cambio, está atada al nervio del presente, sufre con él, pero también se excita con su adicción a los cambios. Si la Historia asegura la continuidad de la Biblioteca, el Futuro amenaza constantemente la existencia de la Librería. La Biblioteca es sólida, monumental, está atada al poder, a los gobiernos municipales, a los estados y a sus ejércitos. (…) La Librería, en cambio, es líquida, temporal, dura lo que su capacidad para mantener con mínimos cambios una idea en el tiempo. La Biblioteca es estabilidad. La Librería distribuye, la Biblioteca conserva. La librería es crisis perpetua, supeditada al conflicto entre la novedad y el fondo, y justamente por ello se sitúa en el centro del debate sobre los cánones culturales. (pags. 53/54)

A partir de acá, y de continuar sin dejar nunca ese intento de definición de la Librería, Carrión nos propone un recorrido, con bellos, agudos e instruidos momentos narrativos, en presente y en pasado, por varias ciudades del mundo, por algunas de sus librerías y por algunas de sus gentes libreras: pequeñas biografías de voluntades valientes y resistentes, líquidos espacios globales que ayudaron y ayudan a la distribución de la cultura humana.

Así Carrión irá armando el otro movimiento fundamental para la conceptualización histórica de la Librería: la de construir una tradición y un mapa (en pasado y en presente) sobre esos, generalmente pequeños y privados, espacios urbanos de acervo y distribución cultural.

Si bien el libro de Carrión tiene una escritura que no siempre es clara, a veces por lo abrumadoramente citada, a veces por lo confusamente apositiva, a veces por lo arbitrariamente cambiante, su propuesta es tan entusiasta como entusiasmadora, y no pierde nunca interés en sus más de 300 página. Siempre y cuando, claro, te entusiasmen los libros, su historia –sobre todo contemporánea- y te entusiasmen las librerías en general. Y en ese caso Librerías de Jorge Carrión se puede transformar no sólo en un libro excepcional sino también esencial dentro de cualquier buena biblioteca.-