Su comienzo tan anti novela de aventura, tan anti novela de aprendizaje (“Yo estoy, desde hace meses, hundido en el ocio. Como, cago, duermo; soy una biología que no tiene rumbo”) parece escrito en la pandemia. Pero se apunta, sin embargo, veinte años atrás, en los inicios del ovillo generacional de una literatura del yo. Una literatura del yo que enuncia desde un mundo sin rumbo.